Vivimos literalmente “pegados” a nuestra mente limitada. Tanto la educación de nuestros padres como en la educación de los sistemas sociales están basadas en aprender, en adquirir capacidades, en discernir, separar, etiquetar, valorar, etc. Debido a este fuerte condicionamiento familiar, social y cultural, nos convertimos en seres pensantes, que utilizan el razonamiento para afrontar cualquier situación en nuestras vidas. Esta forma de actuar, esta identificación con seres pensantes está grabada a fuego en nuestra consciencia.

Esta forma de actuar desde la razón está muy bien, pero únicamente aplicada a problemas funcionales, cotidianos, aspectos del trabajo, resolver asuntos, planificar actividades. El problema viene cuando experimentamos un conflicto o problema emocional (celos, ansiedad, tristeza, soledad, frustación,….) y lo abordamos desde un punto de vista mental, queriendo resolver el asunto.

El enfoque que aplico en mis terapias y grupos no se enfoca en resolver el asunto, sino en aprovecharlo para lo único importante: la sanación. Existen muchas terapias para ayudarte a resolver asuntos en tu vida, pero aquí el enfoque es muy diferente, no nos enfocamos en resolver, sino en SANAR, ir al origen del problema, entender profundamente qué está ocurriendo, y poder aprovechar este conflicto para alcanzar la paz interior.

Algunas personas, por su educación o su tendencia personal, tienen más contacto que otras con el mundo emocional. Están en contacto, conocen y gestionan mejor sus emociones. Aunque estas personas digamos que pueden tener una facilidad mayor para esta práctica, no se trata tampoco de esto, no estamos hablando de “inteligencia emocional”. ¿De qué hablamos entonces?.

Pongamos que tenemos un conflicto en nuestra vida que creemos que nos provoca una emoción de las denominadas negativas. No importa si el conflicto es grande o pequeño. Vamos a  revisar algunas formas de “gestionar” este conflicto.

Evitación: Esta estrategia se basa en negar lo que está ocurriendo

Enfrentamiento: Consiste en descargar mi descontento con la persona o situación que creo que me provoca esta emoción

Auto-afirmación: Me siento mal, pero necesito demostrarme que “yo tengo razón”, yo estoy bien y otra persona o situación es errónea.

Pensamiento positivo: Se trata de fomentar pensamientos del tipo: “empieza bien la mañana para tener un gran día”. “Cree firmemente en ti y las cosas no pueden salirte mal”, etc.

Podemos añadir más estrategias a esta lista, que podría ser realmente interminable.

Todas ellas basadas en una premisa: HAZ LO QUE SEA, PERO NO SIENTAS.

Algo dentro de ti dice: si sientes vas a sufrir

¿Qué hacer entonces?

Cualquier emoción de las denominadas negativas, es una forma concreta de miedo. Hay innumerables referencias a esto en casi todos los libros de espiritualidad, no vamos a hacer más hincapié en esto, sólo recordarte que el sistema de pensamiento en el que crees y defiendes durante todo el día a capa y espada está basado en el miedo. Dependiendo de la personalidad de cada uno, en unas personas toma forma de frustración, timidez, incomprensión, injusticia, inseguridad, etc.

Recuerda que estamos en un proceso de deconstrucción, para hacer esta práctica vamos a dejar por un momento todas las estrategias que conocemos, vamos a hacer algo totalmente diferente a lo que solemos hacer. La idea básica es:

La salida del miedo se encuentra atravesando el propio miedo

Vamos a explorar el sentir, vamos a abrirnos a sentir lo que hay, vamos a respirar, a contactar con nosotros mismos, a ver cómo se siente esta emoción, poniendo toda la atención en ello. No se trata de forzarnos a sentir, sencillamente a abrirnos, a investigar con mente de principiante, como si fueses un niño que quiere explorar qué es esto de sentir rabia, pena, dolor, lo que sea, pregúntate ¿cómo se siente esto?, como si fuese la primera vez que experimentaras esta emoción.

No te fuerces, sólo ábrete

Dale espacio a este sentir, hónralo, no lo catalogues como negativo, tan sólo hazte totalmente presente en él, todo el tiempo que requiera.

Recuerda, estamos dejando la mente, este no es un proceso mental, sólo ábrete a sentir, sabes hacerlo perfectamente, es tu naturaleza, posiblemente lo tengas más olvidado, obstruido, pero en tu interior sabes perfectamente que sabes hacerlo sin ningún esfuerzo. No estamos aprendiendo a sentir, estamos recordando lo que ya sabemos…

Nuestro sistema de pensamiento va a  ir una y otra vez a la historia que (según crees) está produciendo esta emoción. La mente se va a intentar introducir, a analizar las causas, a buscar más estrategias para resolver el problema y evitar sentir. Tantas veces como nos diga que el origen de la emoción está ahí afuera, vamos a volver a dirigirnos amablemente hacia adentro de nosotros mismos.

La forma de comportarte no resuelve nada.

Resistencias a esta práctica

Posiblemente vas a tener muchas resistencias a aceptar esta idea, de abrirte a sentir, sin más… Está bien, no lo aceptes, la propuesta es que hagas este trabajo y explores otra vía. Cuando lo hayas hecho tal vez algo dentro de ti empiece a tomar conciencia de que lo único importante ocurre dentro de ti.

Ejemplo: Poniendo límites.

Tal vez con un ejemplo concreto se entienda mejor. Imagina que sientes que alguien está abusando de ti, de tu buena voluntad. O por ejemplo tu hijo necesita que le pongas un límite porque se está comportando de manera inadecuada. Puede que quieras realizar esta práctica, pero te empiezas a sentir confundido porque ves claramente que “¡la situación exige un límite!”

Perfecto, la propuesta sería esta: siente, olvida la situación concreta,… realiza esta práctica. Date todo el tiempo que creas necesario, siente como abusan de ti, siente como tu hijo se comporta mal, mira qué hay detrás de eso, tal vez sientas que no eres buen padre/madre, tal vez que eres demasiado blando, o demasiado implacable,… siente, siente, siente… Si este sentir te lleva a otra capa más profunda de sufrimiento está bien, no te resistas, y siente esto también….

Cuando uno se acostumbra a hacer esto, un nuevo espacio dentro de ti se abre, por sí sólo. No se puede explicar, ya que es un proceso “no mental”, y por tanto imposible de describir en palabras. Suele ocurrir que algo dentro de ti siente total certeza de que “no tiene sentido sentirse mal”. Algo dentro de ti queda totalmente liberado y el juicio hacia la otra persona o situación desaparece… Una paz extensa y abierta empieza a apoderarse de la situación, y la situación ya no te toca… Esto suele venir con una certeza profunda, de que “sólo te habías liado en una historia”, y desde un lugar profundo, reconoces que no hay lugar para el drama.

Conforme te acostumbres a esta práctica, cada vez tendremos menos miedo a sentir, nuestro campo emocional se abre. Nos relajamos y no vamos a  forzarnos a sentir ciertas emociones positivas y negar el resto, internamente entenderemos que todas han de ser bienvenidas, tan sólo son la manifestación de vida ocurriendo, y todas deben ser honradas igualmente.

Perfecto, en este momento, si quiero puedo hablar con la otra persona, completamente en paz, expresarle lo que quiera, pero ya no quiero cambiarle, ya he entendido que este no es el origen de mi frustración, de mi rabia o de lo que sea. Muy posiblemente vas a sentir que ni siquiera es necesario expresarlo ya, y posiblemente si lo haces, la otra persona va a entender lo que está ocurriendo, ya no se va a sentir atacada, va a sentir el amor desde el que brotan tus palabras. Acaba de ocurrir un pequeño gran milagro.

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